Cuando el trabajo es digitalizar la gorra

Sociedad

Cuando el trabajo es digitalizar la gorra


Por: Emanuel Alejandro Groh

 El 13 de agosto de 1977, nace Diego José Stanley; las condiciones en las que llega a este mundo no permiten avizorar un futuro lleno de vida cómo podría aventurársele a cualquier recién nacido. ¿Quién dijo que la vida es solo un estado saludable con una carita rozagante llena de días por vivir? Con 6 meses y 3 días de gestación, nace.  Desde ese momento, la vida es una constante lucha frente a obstáculos que se alzan por delante exhibiendo dos enormes letras que forman la palabra -NO- .


 Hoy me cuenta por WhatsApp, el por qué de su segundo nombre: 
-“Cuando nací tenía un kilo 100 de peso, después bajé a 900 gramos. No tenía probabilidades de vida, por eso me dieron la extrema unción. Cuando te dan la extrema unción y sos varón te ponen José”, me explica.

A meses de nacer, la familia Stanley nota algo raro en el niño. No vé. El médico confirma lo esperado, el pequeño es ciego. 
Desde ese momento, pugna por entrar en un sistema educativo poco preparado para recibir y atender las necesidades de quienes no cuadran con la supuesta normalidad. Con dificultades, y una decisión firme de sus padres, Diego ingresa  al jardín. Su primaria culmina en la escuela especial N°515 de La plata. La secundaria, en cambio,  la termina por su cuenta. Sin apoyo de ninguna institución de ciegos, en la Escuela de educación Media n°3 de Quilmes.

Diego como casi todas  las personas con discapacidad, tienen la dificultad de intentar acceder a un trabajo formal. El 3 de diciembre de 2018, Día Internacional  de las Personas con Discapacidad, el Diario La Nación tituló: 
“Discapacidad: el derecho a un trabajo es uno de los más vulnerados”. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y censos, sólo el 32% de  los discapacitados tienen empleo en la Argentina.

En otra nota del mismo diario, una persona vinculada a la temática intenta explicar por qué. María José Sucarrat , Directora del programa de responsabilidad social, inclusión y sostenibilidad de la Universidad Di Tella. Afirma qué: 
“Los  empresarios argentinos no están acostumbrados a emplear personas con discapacidad, en parte  por la falta de   conocimiento de las organizaciones  y por un alto porcentaje de estas personas que no están capacitadas”.

Al leer las notas ya en junio 2020, en medio de la propagación de un virus que arrasa con la salud y la economía. Vienen a mi, épocas sin trabajo.

Me acuerdo de amigos discapacitados, como Diego, quien todos los días iba a trabajar haciendo música en el subte. 
Con la declaración de la pandemia a nivel mundial, y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en Argentina. Me preocupa particularmente esto, porque yo soy ciego. Tengo el privilegio de tener un trabajo estable, sin embargo podría no ser así. Por eso lo imagino allí, en la pantalla de mi televisor reclamando junto con los comerciantes por su derecho a trabajar.

En plena cuarentena la situación laboral es insostenible. Tanto para los que tienen  empleo, como para los que no lo tienen. Esta medida de Gobierno lleva más de 100 días de vigencia y se prolonga por casi cuatro meses, y contando.

A raíz de esto surge la pregunta: 
Si en épocas medianamente normales  los reclamos de este colectivo no eran  atendidos, ¿Quién lo hará en este contexto? Antes del Covid podían recurrir aunque sea a los trabajos informales, en situación precaria, en negro, ¿Pero ahora?

 En el caso de Diego, luego de la finalización del proyecto “Diálogo en la oscuridad”. Que presentaba en el Centro cultural Konex, un espectáculo donde las personas debían hacer todo lo que normalmente en una ciudad. Aunque, sin luz. Caminar, cruzar la calle, tomar un café.

Diego, se desempeñaba como  guía de los participantes. Pero hoy, tuvo que arreglárselas para seguir. 
Tiene una ventaja, es músico y sobre todo rápido de reflejos. Yo no lo conocí cuando pasó de la performance Diálogo a tocar al subte, pero me demostró su capacidad para adecuarse a las circunstancias cuando comenzó la cuarentena.

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El 12 de marzo subí al colectivo para ir a trabajar como de costumbre en el Coro Polifónico de ciegos que depende del Ministerio de Cultura de la Nación. Al ubicarme , abrí el WhatsApp y recibí  el audio de  mi compañera que trabaja en secretaría informándonos de la suspensión de los ensayos.

  A 5 minutos de subir, bajé.  Esperé el colectivo para volver a mi  casa.
Pensaba  en lo que vendría, en Diego y en muchos otros. No me preocupaba por mi, si bien  los últimos acontecimientos confirman una vez más que no hay nada asegurado en esta vida, ser trabajador en relación de dependencia, y que tu empleador sea el Estado, no por contrato sino   en planta permanente te da cierta tranquilidad. Pero: 
¿Y los que trabajan por su cuenta? ¿Y mi amigo?

Antes de que el Gobierno Nacional anuncie las medidas de Aislamiento Social Obligatorio, Diego deja de trabajar. No imagina que sería por tanto tiempo.
Algunos días después, me manda un mensaje por WhatsApp contándome la idea que tiene para trabajar desde casa, y ganar algo al menos.

-“Che gordo, ya sé como puedo reinventarme. Voy a hacer música en vivo por Instagram”
Hicimos una cuenta de Mercado pago, ampliando la posibilidad  de colaborar. La iniciativa  me encanta, pero más me gusta su capacidad de adaptación. Sus reflejos lo impulsan a no quedarse, hacer algo con lo que tiene y como puede. Pero hacer algo.

El Miércoles 25 de marzo se presenta  por primera vez.  En el Instagram de  @Todoshacemosmúsica. Grupo al que Diego pertenece y en el que participa como voluntario. THM es una asociación que busca incluir  e  integrar a personas con discapacidad y  sin ella a través de la música. Su cuenta tiene más de 15000 seguidores. El director de la organización Ralf Niedenthal le ofrece dar su primer paso a través de ellos. Entendiendo la necesidad que tiene de hacerse conocer y  llegar a más personas.

El espectáculo pasa del subte a las redes sociales, también la manera de colaborar se reconvierte., Cambiando la típica gorra llena de billetes, por los números de su caja de ahorro.

Ya no tiene que viajar una hora y media tomando colectivo, tren y subte. Quien viaja ahora es la música, desde Monte Chingolo, localidad en la que vive Diego, al mundo.
El transporte público te deja a unas 2 cuadras y media de su casa. En una estación de servicio de YPF.

Hay que tomar la calle Yapeyú y hacer 250 metros para encontrar a mitad de la tercera cuadra , una puerta de madera, que al abrirse da directo a una escalera que conduce al primer piso donde está  su departamento.

Baranda mano derecha  y mano izquierda, luego de subir unos 17 escalones, al girar a la derecha está la puerta de entrada.
No tuve ocasión de estar en persona, sin embargo imagino que una vez estuve allí. La magia se respira.

¿Qué magia? 
Justamente, la  de hacer de un lugar tan distante a un escenario, como es una cocina/comedor. Mide unos 6 metros de largo por unos 3 de ancho, con un mueble de cocina a la entrada, contiguo al artefacto propiamente dicho, antes del mueblecito donde va el televisor, un ambiente en el que surge la música más sublime, no emanada de costosos instrumentos o sofisticados equipos de producción y transmisión, sino de las manos de un hombre que se la apropia, procesa y resignifica exhibiendo a nuestros oídos el bello fruto de su trabajo.

Un pequeño equipo bluetooth sobre la mesa redonda de madera, en el que van enchufados dos micrófonos. El primero es sostenido por el pie de un ventilador que decidió ya no  funcionar. El segundo, dentro del cajón peruano en el que se sienta para hacer una vez más, aunque de otra forma, lo que antes hacía en cada vagón de la línea D.

Una armónica, un reproductor de Mp3 que va conectado al televisor que a su vez se conecta a otro amplificador para poder pasar las pistas con las que trabaja.

Sin olvidar su bongó, conexión a internet  y la infalible compañía incondicional de Mirian, su compañera.  Esta reconversión sería mucho más difícil sin ella, son los recursos con los que cuenta, para dar a conocer al mundo su arte.

Canciones como Juntos a la par,  Once y Seis, Tira para arriba y De música ligera, son las que  suelen escucharse en sus shows, ahora desde su propia cuenta de Instagram y Facebook. Tampoco falta la música uruguaya, agregando percusión a las pistas, y por supuesto, el tango.

Su versión de Garganta con arena, emociona y hace recordar al enorme polaco Goyeneche, retratado en esa letra que Diego interpreta con una emoción que hasta me hace olvidar por un instante que se trata de una transmisión por streaming.

En una charla más relajada pero siempre mediante la virtualidad, Stanley, analiza la diferencia de tocar en el subte y hacerlo por Instagram.

“Cuando fui a tocar al subte lo hice por que lo tenía que hacer, no lo pensé tanto. Respecto a lo virtual fue  más pensado porque de una manera o de otra  tenía que trabajar, no podía quedarme de brazos cruzados”.

--¿Cuál es la diferencia entre la primera vez que tocaste en el subte y la que lo hiciste por internet? 
-“Tanto la primera vez que toqué en el subte, como por Instagram hubo nervios”. 
--“¿Tuviste miedo?” Escribí esperando un sí.
--“Mira, cuando tocas por internet el único miedo es  que la conexión no funcione o simplemente el show te salga mal. Pero en el subte los miedos se multiplican, la gente está ahí, además están los que te amenazan y te quieren sacar”.

Con más de 100 días de cuarentena, Diego mantiene su espectáculo todos los domingos. En el horario cuando bajaba la comida del post-asado. 
“La merienda musical”  por Instagram ( @diegoestango) y Facebook. 
Imagina volver  al subte, cuando todo esto termine. Por qué no, conseguir algún otro trabajo, pero esta vez, en blanco.

Comentarios

  1. Que hermosa historia de vida, llena de superación!
    👏👏👏👏👏👏👏 Gracias Emanuel y todo el equipo de Noti Digital por traernos esto. 🙌❤

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  2. Les agradecemos desde Noti Digital por leerlos y acompañar este maravilloso desafío.

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