Seamos libres... Pero no tanto

 


Por Graciela Ramírez

Convocados por Cambiemos y aglutinados tras la consigna “Seamos libres que lo demás no importa nada”, parte de la proclama de San Martín del 19 de julio de 1819, se llevó a cabo la marcha del #17A.

Dicha consigna fue repetida hasta el hartazgo en spots publicitarios donde participaron distintas personalidades. Cualquiera que haya podido ver las imágenes y escuchado las declaraciones de los participantes en el acto, pudo apreciar que la proclamada libertad a que se referían es una libertad individualista, sin tener en cuenta que la pandemia afecta a nivel mundial, que hay una saturación del sistema de salud y que se puso, una vez más, en riesgo a toda la comunidad.

Sabemos que a través de la utilización del lenguaje se construye el sentido común. Luego, se legitima en cada una de las dimensiones donde se construye nuestra subjetividad.

Una de ellas es la educación. No quiero decir por esto, que todo lo que aprendimos transcurrió en ese ámbito, pero en el caso de nuestra historia, podemos pensar que mucho de lo que sabemos comenzó por la escuela.

Entonces, ¿no sería bueno preguntarnos si aprendimos la historia impuesta por la colonización y sus cipayos o la que se escribió con la sangre de los que lucharon incansablemente por nuestra liberación?

A partir de ese cuestionamiento podremos, desde una mirada decolonizadora, conocer a otros protagonistas que nos fueron negados o profundizar en otros perfiles de los ya consagrados como héroes.

Así, por ejemplo, si analizamos la proclama completa y no sólo el párrafo mencionado al principio, esta dice:

«Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.»

Para comenzar el análisis, advertimos que Don José no tenía ni una pizca de angustia por enfrentar a las fuerzas de “la madre patria”. Por el contrario, pedía no bajar las armas hasta ver al país enteramente libre.

Libre política, económica y socialmente. Sin sometimiento a otros países nación y con la determinación de defender a los ciudadanos, como en este momento, del abuso de los consorcios de empresas multinacionales. En definitiva, de combatir al neoliberalismo y su sistema económico capitalista.

En otro momento del texto propone: “…a falta de vestimenta, andar en pelotas como nuestros paisanos los indios”. Una clara connotación de la relación colaborativa con nuestros pueblos originarios. Relación que, la ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, devenida en presidenta del Pro, no tuvo en cuenta cuando legitimó el accionar de la Prefectura en la represión a los mapuches, la desaparición y muerte de Santiago Maldonado y el asesinato de Rafael Nahuel.

Otra frase de San Martín utilizada por la señora fue: “cuando la patria está en peligro, todo está permitido, excepto, no defenderla”

Aquí, nos asalta la duda. ¿A qué momento se refería? A cuando Clarín escribía en 2001: La ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, confirmó ayer que el Gobierno ya tiene los papeles listos para aplicar en los pagos de julio la reducción del 13 por ciento en los haberes de los jubilados que perciben más de 500 pesos mensuales.” Quizá al día en que se discutía en el Congreso la Reforma Previsional, ley que rebajaba la actualización de los haberes de jubilados, pensionados por discapacidad, ex combatientes de Malvinas y los beneficiarios de las asignaciones universales por hijo y embarazo. Día en que, frente a la protesta de los manifestantes, se reprimió salvajemente en las afuera del congreso y en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires. Tal vez, como explica el diario Página 12: cuando en 2017, Sturzenegger envió a Inglaterra 11 toneladas de oro (462 millones de dólares) de nuestro Banco Central, con la excusa de obtener un mayor rendimiento tras ser asesorado por Demian Reidel, un físico del Balseiro que hizo carrera en el JP Morgan y Goldman Sachs. Y de lo que nunca más se habló.

Posiblemente, fuera en el momento en que las empresas distribuidoras de energía, cuyo CEO Juan José Aranguren, investido del cargo de ministro, dolarizó la tarifas. Acaso cuando informaba la periodista Marcela Pagano, del diario Clarín, el 19 de junio de 2017: “Por primera vez en la historia, Argentina colocó ayer un bono a 100 años. Fue por US$ 2.750 millones y un cupón semestral del 7,125%. El país se convirtió así en el primero de Sudamérica en emitir deuda a tan largo plazo.” O, la oportunidad en que Los ministerios de Salud, Trabajo, Agroindustria, Energía, Cultura, Turismo, Modernización y Ciencia y Tecnología pasaron a ser secretarías y sus ministros a secretarios. Con la consiguiente reducción de presupuesto que implicó cierre de programas de asistencia, fomento y prevención.

Después de esta recorrida por partes de nuestra historia, estamos en condiciones de pensar que, el sentido de república que pretenden imprimirle los participantes de la convocatoria, dista mucho del verdadero.

O desconocen algunos de los perfiles del Padre de la Patria, que se manifestaron cuando: creó un sistema impositivo igualitario, para que aportaran más los que más tenían. Se enfrentó al Triunvirato orientado por Rivadavia con la intención de declarar la independencia y sancionar una Constitución Republicana.  Desobedeció las órdenes de Pueyrredón, quien propició la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordenó a San Martín, que reprimiera con su ejército a los orientales. Frente a lo que Don José aclaró: “el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos.”

 

 

 

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