Crónica
Por: Altamiranda, Paula
30 años del brutal asesinato de María Soledad
Morales.
Un crimen que revolucionó al país y destapó
una trama de intereses políticos vinculados a clanes familiares en una
provincia semi-feudal como Catamarca. En 2015, los dos imputados por el
homicidio, Guillermo Luque (49) y Luis Tula (51)-ex novio de la joven,
recuperaron la libertad tras cumplir dos tercios de su condena.
El hijo del ex diputado Ángel Arturo Luque fue
arrestado por ser considerado autor material del crimen. A
pesar de que su padre trató de usar todas sus influencias en el gobierno
catamarqueño para que Guillermo saliera impune del homicidio, el 28 de
febrero de 1998, fue condenado a 21 años de prisión.
El 12 de abril de 2010 la jueza catamarqueña
Alicia Cabanillas le otorgó la libertad condicional tras 14 años entre rejas
por su “impecable” comportamiento como presidiario. Tras ser liberado,
Luque sostuvo que no participó en el crimen y que fue “un preso inocente”. Se
mudó con su padre en su residencia “Puerta de Hierro” (nombre inspirado en la
residencia de Perón durante su exilio en España) de Valle Viejo, a unos diez
kilómetros al este de la capital de Catamarca, hasta un año más tarde cuando el
ex diputado falleció.
Luque actualmente se dedica a negocios
inmobiliarios que gestiona a través de su página de Facebook, puesto que nunca
terminó sus estudios de derecho en Buenos Aires ni tampoco siguió los pasos de
su padre en el mundo de la política. Se separó de su mujer Florencia Alustiza.
Tula, condenado a 9 años de prisión por ser
partícipe secundario del asesinato, aprovechó los 6 años que estuvo en el penal
Julio Herrera en Catamarca para arrancar sus estudios en derecho. Salió en
libertad en el año 2006 y en noviembre de 2009 juró como abogado en el foro
local tras graduarse en la Universidad de La Rioja.
Separado de su pareja de entonces, Ruth
Salazar, actualmente vive en Catamarca. Ejerce como abogado especializado en
Derecho Penal. Trata de evitar el contacto con la prensa y mantiene una vida de
bajísimo perfil.
Pero Luque y Tula no fueron los únicos en la
mira de la justicia por el crimen. La Cámara en lo Penal de Segunda Nominación
ordenó detener a Eduardo “El Loco” Méndez y a Hugo “Hueso” Ibáñez, amigos de Luque,
por ser considerados coautores de la violación seguida de muerte, agravada por
el uso de estupefacientes, al haber participado de la reunión en la que la
joven perdió la vida. Ambos fueron encarcelados y procesados, aunque finalmente
fueron sobreseídos por falta de pruebas.
Varios testigos afirmaron en aquel entonces
que vieron a Méndez en el boliche Clivus la noche en la que María Soledad fue
vista con vida por última vez, motivo por el cual el hombre fue investigado. No
obstante, en agosto de 1999 el juez José Antonio Carma sobreseyó a “El Loco” de
forma definitiva luego de la declaración de Jesús Muro, el barman del local,
quien se retractó de sus dichos que lo señalaban como uno de los participantes
de las “orgías” que se realizaron en el lugar.
Dedicado al sector del comercio, Méndez
falleció el 26 de mayo de 2012 a los 47 años luego de haberse sometido a una
operación para colocarse un cinturón gástrico en el Sanatorio Privado de
Catamarca. Su familia denunció al centro médico por mala praxis.
Por su parte, Ibáñez estuvo prófugo de la Justicia durante un mes en 1998 tras
conocerse el fallo en contra de Luque y Tula, aunque fue detenido treinta días
después en la casa familiar. Durante el proceso judifical fue señalado en
reiteradas ocasiones como un supuesto tratante de blancas, que proveía de
mujeres jóvenes a hombres relacionados con el poder. Al igual que Méndez, en
agosto de 1999 fue sobreseído.
El 23 de septiembre de 2013, Ibáñez murió
debido a las secuelas que le dejó un derrame cerebral que sufrió previamente,
que le había causado además una parálisis parcial de su cuerpo.
El 10 de septiembre de 1990 tres obreros de Vialidad encontraron el cuerpo
mutilado hasta el hartazgo. María Soledad, fue asesinada, en la
madrugada del 7 al 8 de septiembre en circunstancias que aún se ignoran.
Se habló de una fiesta negra, de droga que
corría como el agua, de personajes del poder directamente involucrados y de un
encubrimiento feroz por parte de la clase política.
Fue de madrugada. María Soledad había organizado, junto a varias compañeras,
una fiesta del colegio del Carmen y San José en la boite Le Feu Rouge en la que
se elegía a la Reina de la Primavera.
Ella esperaba esa noche, como tantas otras
veces, que su amante, Luis Tula, la pasara a buscar a la salida. Sole sabía que
“el flaco”, tal como se lo conocía en San Fernando del Valle, era un hombre
casado, en secreto, con una chica de la sociedad catamarqueña: Ruth Salazar.
Por eso, la noche fatídica, ella aguardó un
largo rato en la parada de colectivos de la calle Maipú a que Tula la pasara a
buscar.
Soledad se despidió de Alejandra Olivera y el
novio, y quedó sola, parada en la calle Maipú, cerca de las 3 de la madrugada. Nunca se supo qué le pasó a la adolescente hasta que fue
encontrada el lunes 10, en un chiquero cercano de su casa.
Los cerdos ya habían mordido parte del cuerpo.
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