Música y Radio, hasta el último latido

 Por Álvaro Vidal



Corría ya la segunda década del siglo XX y nuestro país había logrado instaurar el voto obligatorio (excepto para la mujer), razón por la cual el pueblo había elegido a Hipólito Yrigoyen como presidente de la Nación. En este paisaje político, la cultura se abrió paso.

El 27 de agosto de 1920, el médico Enrique Telémaco Susini, junto a los estudiantes de medicina Luis Romero Carranza, César Guerrico y Miguel Mujica, realizaron la primera transmisión radial, utilizando la planta alta del Teatro Coliseo en el centro de Buenos Aires. De ahí que fueron llamados “los locos de la azotea” o “los muchachos del Coliseo”. 

Ese día de invierno, a las nueve de la noche, el doctor Susini, engolando la voz como suponían lo hubiera efectuado un locutor, expresó: “Señoras y Señores: la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Richard Wagner, “Persifal”, con la actuación del tenor Gulio Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del Teatro `Costanzi` de Roma, dirigida por el maestro Félix von Weingarren”. 

El tiempo determinó que ese pasatiempo de jóvenes porteños, se transformara en algo imprescindible en los hogares argentinos. Al correr de los días, por los escasos veinte aparatos existentes en la ciudad, se podían escuchar las audiciones de música clásica de los teatros Coliseo, Colón y Odeón. 

Se pasaba, además de música, discos, noticias, recitados, propaganda y actuación en vivo. Un año más tarde, el 1º de octubre de 1924, Carlos Gardel cantó en Radio Splendid. La Era de la radio había comenzado. Ya en los años `40, Buenos Aires y su periferia, se vistieron con los acordes de los grandes conjuntos de aquel entonces –tanto de tango como de jazz- a tal punto que Radio “El Mundo”, con la orquesta típica de Alfredo De Angelis, concitaba la adhesión de una multitud de agentes en su reconocido ciclo “El Glostora Tango Club”. 

Por supuesto, “Héctor y su Jazz” que dirigía Héctor Lomuto, se convertía en la banda preferida por la juventud de los años `50. No es de extrañar, entonces que luego de 1983, surgieron nuevas voces en el marco musical e institucional de la radiofonía, las que se desarrollaron –sin prisa pero sin pausa- y que fueran adoptadas por las modernas generaciones de creadores y oyentes.

Como síntesis a estas reflexiones, es bueno rescatar las palabras que la joven directora de “Nacional Rock”, Mikki Lusardi, pronunciara en la presentación del último libro del periodista Carlos Ulanovsky “36.500 días de Radio”: “Los locos de la azotea eran un médico y tres estudiantes de medicina. Ellos venían de la ciencia, pero querían hacer promoción cultural. Eso me parece fundamental para pensarlo. Este libro es la irrefutable evidencia que la Radio es infinita”.


Comentarios