JIMENA HERNÁNDEZ: UN CASO SIN JUSTICIA

Crónica Policial

Por Altamiranda Paula

El 12 de julio de 1988 en el colegio Santa Unión de los Santísimos Corazones, ubicado en el barrio de Caballito. Docentes, alumnos y familiares habían realizado una competencia de natación. Era la tarde cuando Jimena Hernández fue hallada en el fondo de la pileta. Había sido abusada y asesinada, solo tenía 11 años.

Todos los acusados fueron sobreseídos, es decir absueltos por falta de pruebas. Los padres denunciaron un “pacto de silencio.” Y la causa prescribió.

La competencia terminaba a las cinco de la tarde. A esa hora, Norma Monfardini, la mamá de Jimena, fue a buscarla. “Nadie supo decirme donde estaba, me mandaban hacia uno y otro lado.” Cansada, pidió un celular para llamar a Jorge Hernández, su marido. Con la voz temblorosa, le dijo que por favor dejara la oficina y fuera de inmediato al colegio: Jimena estaba perdida.

La nena era una notable nadadora, quien debió participar de la carrera que se había organizado ese día, pero nadie la hallaba. Cuando la competencia concluyó, dos profesores la vieron y sin pensarlo se zambullen. Le hacen respiración boca a boca; la nena escupe comida, trozos de galletitas pero no reacciona.

Cuando aún estaba hablando, un grito llegó desde la pileta; decían que había alguien en el fondo. Por teléfono, Jorge escuchó a su esposa: “¡La encontraron muerta!”


Jimena junto a su mamá, Norma Monfardini

La versión oficial de la institución y también de la Justicia, en un principio fue que la niña se había ahogado en el transcurso del torneo. Sin embargo, sus padres nunca creyeron esa versión, sabía nadar muy bien. A lo largo de un tiempo, se supo realmente como murió, había sido abusada, asesinada y arrojada sin vida a la piscina.

La causa recayó sobre el juez de instrucción Luis Cevasco, llegarían a ser cuatro a lo largo de casi 20 años. La autopsia se caratulo como “Asfixia por sumersión”, como se pensó en un primer momento. Ese día había una competencia, es decir había alumnas, profesores y padres en el natatorio. ¿Nadie vio que alguien se ahoga?

Un trágico accidente en un colegio. Los padres estaban separados y a medida que fue avanzando la causa cada uno tuvo su abogado pero sostuvieron una única teoría, Jimena había visto algo que no debía. Se corría el rumor de que en el colegio traficaba droga, pero todo era demasiado extraño. Especialmente llamaba la atención la ironía y el encubrimiento de algunos docentes y allegados al establecimiento, que preferían conversar las apariencias. Los padres de Jimena denunciaron un “pacto de silencio.” Así comenzó el misterio.

Pasaron 70 días, el juez Cevasco no se movió, solo generaba teorías y suposiciones. Regidos por un sistema judicial argentino, desgraciadamente, siempre hay alguien negligente en sus acciones. En este caso hubo varios.

Para Cevasco y sus peritos, los golpes que tenía Jimena en su cuerpo eran consecuencia de las tareas de reanimación. En su informe final, expresó “la posible violación anal detectada por los médicos forenses es un hecho anterior e independiente de la causa de muerte.” Entonces, todos los medios de comunicación, sin razonar que hablaban de una nena de 11 años, comenzaron a mencionar una vida sexual activa.

En noviembre de 1988, a cinco meses de la muerte de la niña, el expediente pasó a la justicia Correccional. El nuevo juez a cargo, Omar Facciuto, ordenó un nuevo peritaje del cadáver, había dudas de que se había ahogado porque en el cuerpo había escasos restos de plancton (vida microscópica que habita en el agua). Los pulmones de Jimena estaban bien, no había agua en ellos, por lo que era imposible que se hubiera ahogado por sumersión, como se concluyó con la primera autopsia.

El nuevo peritaje reveló que fue asfixiada o ahogada en la superficie y arrojada al fondo de la pileta. Pero no podían determinar la hora de la muerte porque el agua climatizada modifica los tiempos de rigidez en el cadáver.   

El fiscal de la Cámara del Crimen, Norberto Quantin, sabía que Jimena se había cambiado en el vestuario, puesto la malla y había dado el presente. Lo que se descubrió poco tiempo después, fue que la malla tenía una mancha de fluido seminal. La malla fue enviada al instituto Life Cod Corporation, de los Estados Unidos, para que se pudiera hacer un análisis de ADN, pero las técnicas disponibles hace tres décadas y el tiempo transcurrido sin la correcta preservación de la muestra impidieron obtener un perfil que apuntara al posible culpable.

La causa salió de la Justicia Correccional y recayó en el juez de instrucción Héctor Grieben. Era diciembre de  1988.

Jimena Hernández 

En el colegio Santa Unión de los Santisimos Corazones se había cometido un asesinato por dos posibles razones, según sus padres. La madre sostuvo siempre la teoría de un ataque sexual como causa de muerte de su hija. “La secuestraron, la violaron, la torturaron y la mataron.” En cambio, el papá tenía otra versión: “Para mí, el móvil del asesinato no es el de un abuso sexual. Jimena descubrió algo ‘pesado’ en la escuela. Los motivos no los sé, pero supongo que ella puede haber encontrado drogas u otra cosa, y que por ahí pasa el móvil del asesinato,” expresó en un medio grafico de esa época.

En septiembre de 1990, Grieben dictó el sobreseimiento provisional de la causa. Pero la Sala VI de la Cámara del Crimen ordenó reabrirla. El expediente estaba en manos de Mauricio Zamudio, el cuarto juez del caso.

La causa tuvo decenas y decenas de imputados, pero nunca fueron procesados. Si fueron indagados, por distintos grados de responsabilidades, un profesor de natación, un guardavida, docentes y hasta el mismo rector del colegio.

Es más, hubo una declaración que indicaba que dos profesores habían sido vistos marchando en dirección a la pileta llevando un bulto sospechoso. También hubo acusados de encubrimiento. Con el tiempo, uno a uno, los acusados fueron sobreseídos.

El juez Mauricio Zamudio fue el último responsable que tuvo la investigación. Fue quien mencionó, en una resolución, el supuesto “Pacto de silencio.” Sin embargo, no lograron avanzar demasiado y con el correr de los años, la causa de Jimena quedo olvidada.

La última esperanza que tuvo el expediente Hernández fue en el año 2007. En rigor, fue un intento desesperado de la familia para evitar el cierre definitivo de la causa. Norma, la madre, había llegado a la Corte de la Nación para plantear, a través de su abogado, que el caso de su hija fuese considerado un delito de "lesa humanidad", con lo que sería declarado imprescriptible y se pudiera seguir investigando.

La Corte, con la firma del presidente, Ricardo Lorenzetti, y de los ministros Fayt, Petracchi, Maqueda y Argibay, llegó a la misma conclusión que la Cámara Nacional de Apelaciones: no fue un crimen de lesa humanidad.

32 años pasaron desde aquel día, tres décadas sin justicia. A Jimena Hernández la asesinaron y jamás pudieron establecer quién la mato. Y por el paso del tiempo, la causa fue cerrada definitivamente.

 

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