Historia
Evita y el derecho a la identidad
Este 27
de julio se cumplieron 68 años del fallecimiento de María Eva Duarte de Perón.
Evita para todos los humildes.
Si bien
la cantidad de obras y derechos otorgados por aquello de que “donde hay una
necesidad, nace un derecho”, que guiaba su accionar son incontables. En esta
oportunidad nos pareció oportuno hablar de Evita y la identidad otorgada a las
mujeres a partir de la lucha por el derecho al sufragio.
Por Graciela Ramírez
Es conocida la disputa entre las
representantes del feminismo en la Argentina como Julieta Lanteri, sin
militancia política; Alicia Moreau, del partido socialista; Elvira Rawson,
quien presidia la Asociación Pro Derechos de la Mujer; Carmela Horne de
Burmeister; perteneciente a grupos católicos conservadores y María Rosa Oliver
del Partido Comunista, entre otras. Y el primer Peronismo, encarnado en la
figura de Evita. El motivo principal, a pesar de haber otras reivindicaciones,
se centró en el sufragismo.
Las primeras abordaron el tema, desde una
perspectiva liberal de ampliación de derechos, pero sin tener en cuenta las
diferencias sociales y la explotación a que eran sometidas las mujeres.
En cambio, el peronismo tenía una mirada
inclusiva, ya que la ley 13.010 de voto femenino, hablaba de mujeres argentinas
y mujeres extranjeras residentes, sin restricciones por nivel de educación, ni
económico.
También hay que decir que Evita en más de una
oportunidad denostó a las feministas por su aspecto y su actitud. Sobre todo,
por ser representantes de un movimiento cuyos orígenes provenían de países
hegemónicos como EE UU y Europa.
Esta tensión que se mantuvo a través del
tiempo puede incluirse dentro de una de las tantas “grietas” que nos separaron.
El feminismo antes de 1945
En nuestro país ya a mediados del siglo XIX, el
feminismo tuvo como fuentes al Libre Pensamiento, al Partido Socialista, a
mujeres de la iglesia protestante y al contrafeminismo del feminismo
anarquista.
Cecilia Grierson, en 1900, impulsó la
creación del Consejo Nacional de Mujeres de la República Argentina, que
agrupaba tanto a las damas porteñas y provincianas de beneficencia, como a
educadoras, profesionales y a mujeres inmigrantes.
El Libre Pensamiento era un movimiento que se
basaba en la confianza, en la ciencia, en la educación y en un sentimiento
profundamente anticlerical. Fundó su sede en Argentina en 1905. Estaba formado
por trabajadores calificados, comerciantes, profesionales, maestros,
profesores, médicos, etc. También por mujeres y estudiantes, que se vieron
atraídas por esa corriente de pensamiento, entre las que se encontraban Cecilia
Grierson; Julieta Lanteri y María Ramírez, quienes en 1902 editaron la revista
feminista Nosotras, Elvira Rawson, por su parte creó en 1905 un Centro
Feminista.
Otra libre pensadora, Josefina Durbec de Routin,
fundó la Escuela de Educación Racional, donde ya enseñaba que el poder
arbitrario masculino esclavizaba a las mujeres tanto moral como
intelectualmente.
En 1906, en Buenos Aires, se desarrolló el
Congreso Internacional de Libre Pensamiento, donde se presentaron “Los derechos
políticos a la mujer argentina”. Tres años más adelante, en 1909, se fundó la
Asociación Nacional de Mujeres Librepensadoras.
En 1902, las hermanas Chertkoff crearon el
primer Centro Socialista Femenino, donde revistaban además Gabriela de Coni,
Julieta Lanteri, Elvira Rawson, Alicia Moreau, Cecilia Grierson y Carolina
Muzilli. Por otro lado, el Partido Socialista, de Juan B. Justo, fue el primero
en declararse a favor del sufragio femenino y presentó una serie de reformas y
leyes en el Parlamento, que coincidían con el pensamiento feminista tales como
la separación de la Iglesia del Estado, el divorcio, mejoras en las condiciones
de trabajo y la expansión de la educación elemental. Así también el Diputado Alfredo Palacios presentó en 1911, el primer
proyecto de ley de voto femenino en el Parlamento nacional, que ni siquiera fue
tratado.
Las radicales trabajaron
por los derechos políticos de la mujer desde adentro del partido y rara vez
participaron en agrupaciones exclusivamente sufragistas, con excepción de
Elvira Rawson.
El anarquismo argentino, por su parte,
consideraba a las leyes protectoras que se reclamaban, como forma de convalidar
el sometimiento al Estado. Tenían dos publicaciones dedicadas a la mujer: uno
era La Voz de la mujer (1896 – 1897) y Nuestra Tribuna (1920) impulsada por
Juana Rouco Buela, donde denunciaban las condiciones de vida de las obreras,
que eran impuestas por el Estado con la complicidad de la Iglesia.
También en la década de 1930, la iglesia, preocupada por el avance de
los partidos de izquierda, crea a través de los grupos sufragistas católicos
conservadores, la Asociación Argentina del Sufragio Femenino, de la mano de
Carmela Horne de Burmeister. Con una propuesta de voto calificado según el
grado de alfabetización.
El Comunismo por su parte, impulsó el voto
femenino, pero sin adherir al feminismo.
En 1919 el partido radical
nacional por Santa Fe, presentó un proyecto que contemplaba los derechos políticos
de las mujeres. Por otro lado, en San Juan en 1934, Emar Acosta, candidata por
el Partido Demócrata Nacional, ocupó un cargo en la Cámara de Representantes. Lo
que provocó la intervención de la provincia y la consecuente anulación de los
comicios.
Como se aprecia, los
reclamos del feminismo sufragista no fueron atendidos por ninguno de los
gobiernos nacionales.
Derechos de la mujer durante el Peronismo.
Ya desde la Secretaría de Trabajo, Perón
fomentó la creación de la División de Trabajo y Asistencia a la Mujer, dirigida
por Lucila Gregorio de Lavié. Y en 1944, con la creación del derecho al salario
mínimo, se reduce la brecha salarial entre hombres y mujeres.
Luego, el
26 de julio de 1945 en un acto celebrado en el Congreso, Perón da su apoyo al
sufragio femenino. Se formó la Comisión Pro Sufragio Femenino, que comenzó las
tratativas para su concreción.
Pero el 3
de septiembre de 1945, la Asamblea Nacional de Mujeres, presidida por Victoria
Ocampo, rechazó la iniciativa por provenir de un gobierno de facto. Por lo
tanto, otra vez el tema quedó pendiente. Ese sería el primer episodio de una
larga historia de desencuentros entre las feministas y el peronismo.
A partir
de las elecciones de 1946 donde triunfó la fórmula Perón – Quijano, el tema del
sufragio femenino se incluyó en el primer Plan Quinquenal en el cual Evita
presidió la comisión Pro Sufragio Femenino. Ese cargo le permitió comenzar la
campaña para la sanción de la ley. Se reunió con distintas organizaciones
peronistas femeninas y delegaciones de mujeres del interior. Un año después, en
enero de 1947, comienza un ciclo radial de concientización hacia las mujeres,
para defender sus derechos cívicos.
Después
de un debate parlamentario en donde se pusieron
de manifiesto las posiciones más retrógradas, presentadas por la oposición, con
opiniones que cuestionaban el tamaño del cerebro de la mujer y su diferencia
con el hombre, para concluir en la justificación de la negativa de igualdad de
derecho. Finalmente, el 9 de Septiembre de 1947, se sancionó la Ley 13.010 de Derechos
Políticos de la mujer.
Pero fue
recién en 1951 que se hizo efectivo ese derecho. Previamente se realizó una
tarea de entrega de libretas cívicas y empadronamiento en todo el país. Además
de una capacitación para la vida política de las mujeres. En esos comicios las
mujeres obtuvieron 23 bancas para diputadas y 6 bancas para senadoras
provinciales.
Aquí vale
la pena hacer una reflexión. El artículo 3º de la ley 13.010 expresa: “Para la mujer regirá la misma ley electoral que para el
hombre, debiéndosele dar su libreta cívica correspondiente como documento de
identidad indispensable para todos los actos civiles y electorales”. Lo que nos
está diciendo que a partir de la promulgación de esa ley, la mujer dejó de
ser ciudadana de segunda.
Esta
formó parte de una política de inclusión ciudadana, contrapuesta a la
concepción liberal de derechos humanos como derechos subjetivos. Por lo tanto,
demuestra que si bien Evita, no adhería a ningún movimiento feminista, dejó
plasmado a través de su accionar la irreductible lucha que permitió a las
mujeres, avanzar en la conquista de sus derechos.

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