Por Graciela Ramírez
Durante la madrugada del 22 de
agosto de 1972, fueron fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar de Chubut, 19
presos políticos, que habían sido trasladados a ese lugar después de haber
tomado el aeropuerto de Trelew, en un fallido intento de fuga. El ex capitán de la Marina Luis Emilio Sosa, estuvo a cargo del comando que
llevó a cabo la masacre.
Posteriormente se estableció un
pacto de silencio entre el presidente Alejandro Agustín Lanusse y los
representantes de las tres fuerzas armadas. El hecho no fue juzgado, pero, por
la tensión generada en la población, siete meses después se realizaron
elecciones poniéndose fin así a la dictadura de la “Revolución Argentina”.
Pero, las fuerzas represivas no fueron desmanteladas, posteriormente formaron
parte de la Triple A y de la dictadura cívico- militar – eclesiástica,
que comenzó a operar a partir del 24 de marzo de 1976, constituyéndose en uno
de los regímenes más sangrientos, que tuvo como resultado, la aplicación del
terrorismo de Estado para imponer un plan económico pergeñado por Estados Unidos
y los sectores oligárquicos argentinos. Que consistió en la destrucción del
aparato productivo con la consiguiente desocupación de los trabajadores; el
crecimiento exponencial de la deuda externa; la apropiación de bienes de algunos
empresarios; la libre apertura de los mercados y la desregulación de los
precios. Una vieja receta ya conocida por todos nosotros. El resultado fue la
desaparición y muerte de 30.000 argentinos entre los que se contaban: dirigentes
sindicales, políticos, trabajadores, estudiantes, científicos, representantes
de la cultura, la educación y el deporte. Sacerdotes y todo aquel que no se
encuadrada dentro la doctrina de seguridad impuesta.
En 2008 La Masacre de Trelew
fue declarada como delito de lesa humanidad y en marzo de 2014, la
Sala III de la Cámara de Casación Penal ratificó la sentencia a prisión perpetua
contra Luis Sosa, Emilio Del Real y Carlos. Pero aún queda pendiente la
extradición del ex teniente de Marina Roberto Guillermo Bravo, quien vive en
Estados Unidos, a donde huyera después de la masacre.
El contexto
Después
de la autodenominada Revolución
“Libertadora”, que se encargó de derrocar al General Juan Domingo Perón en
1955. Como respuesta a la persecución y muerte de militantes peronista se
organiza la Resistencia peronista.
Durante
los años siguientes se sucedieron gobiernos de facto con democracias débiles,
tal el caso de Arturo Frondizi y Arturo Illia, que tuvieron en común la amenaza
constante de golpes de estado y la proscripción del peronismo en las
elecciones.
Finalmente
en 1966, el presidente Illia es destituido por el dictador Juan Carlos Onganía
quien ejerciera el gobierno de facto entre 1966 y 1970. Como primera etapa de
la autodenominada Revolución Argentina.
Durante su gobierno se destacan hechos lamentables como La noche de los Bastones Largos, acontecido el 26 de julio de 1966,
oportunidad en que las universidades nacionales fueron ocupadas militarmente e
intervenidas.
Pero
también es reconocido ese período por la cantidad de reacciones populares, cuyo
ícono fue el Cordobazo, producido
entre el 29 y 30 de marzo de 1969, días en que se llevó a cabo una insurrección
popular en la ciudad de Córdoba, en la que participaron trabajadores y
estudiantes. Liderados por Elpidio Torres, secretario general de SMATA; Atilio
López, secretario general de la UTA. Y Agustín
Tosco, perteneciente al sindicato de Luz y Fuerza. Un segundo Cordobazo,
bautizado como Viborazo, el 15 de
marzo de 1971, se produjo también en la ciudad mediterránea. Donde nuevamente,
obreros y estudiantes llevaron a cabo una huelga general.
Otros
dos hitos insurreccionales son conocidos como El Rosariazo,
que incluyó una serie de manifestaciones y huelgas realizadas en la ciudad de
Rosario, Santa Fe, entre los meses de mayo y septiembre de 1969. Y el Tucumanazo,
que referencia a cada
una de las tres puebladas ocurridas en la ciudad de San Miguel de Tucumán,
entre 1969 y 1972.
Debido
al desgaste sufrido por Onganía. La Junta militar encabezada por Alejandro
Agustín Lanusse, designa, en junio de 1970 a Marcelo Levinsgton como nuevo
presidente de facto. Se trataba del representante argentino ante la Junta
Interamericana de Defensa. Un militar poco conocido que se destacaba por su
lealtad a Lanusse.
El
clima socio político estaba signado por proscripciones, vetos, anulación de
elecciones. Y estallidos sociales expontáneos u organizados, como la acción de
organizaciones armadas.
Según
escribe Norberto Galazzo, en su libro “Historia de la Argentina”: entre 1969 y 1970 aparecen organizaciones
guerrilleras de distintos signos ideológico, algunas hijas de la resistencia
como Uturuncos, en Santiago del Estero. Otras más recientes en las que
comienzan a participar jóvenes de clase media. Entre algunas de las que podemos
mencionar se encuentran: Ejército Guerrillero del Pueblo(EGP); el Frente
Revolucionario Popular (FRIP), liderado por Roberto Santucho, quien además
condujo El Partido Revolucionario del Pueblo. Las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR). Todas de izquierda. También tuvieron su origen en ese
período: las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Y Montoneros de la misma
extracción política.
No
conforme con actitudes de Levingston, El comandante en jefe de las fuerzas
armadas Alejandro Agustin Lanusse, representante del ejército, relacionado con
la oligarquía agroexportadora, empresas norteamericanas y socio de Mitre. Finalmente,
asume el control del país.
La fuga
En
este contexto, un grupo de presos políticos son trasladados al penal de Rawson,
uno de los dos Institutos penitenciarios que junto al de la provincia de Chaco,
presentaban características de máxima seguridad.
Desde
la llegada al penal un grupo de detenidos, a pesar de las condiciones
desfavorables comienza a delinear y probar distintos métodos de fuga. Hasta que
el 15 de agosto, con ayuda externa y la de un guardia de apellido Fazio, se produjo el copamiento del penal. El plan
preveía la salida de distintos grupos, en auto, camionetas y camiones. Los
primeros en salir serían los jefes de las organizaciones. Luego los cuadros más
importantes y al final el resto de los militantes, en total fueron 25.
En
realidad, se esperaba la fuga de muchos más, pero por un error de
interpretación del responsable del operativo externo, Jorge Omar Lewinger, los camiones nunca
llegaron al penal.
Sólo
6 lograron abordar un avión que los llevaría a Chile, para pasar luego a Cuba,
ellos fueron: Roberto Santucho, Marcos Osatinsky, Domingo Menna, Roberto
Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Facundo Vaca Narvaja.
Los
19 restantes, que llegaron más tarde, al no poder escapar tomaron el
aeropuerto. Finalmente fueron rodeados por las fuerzas de seguridad y tras una
extensa negociación, consiguieron garantías por parte del juez federal
Alejandro Godoy, para preservar su vida. Una de las condiciones era volver al
penal de Rawson. Pero no fue respetada y
los trasladaron a la base aeronaval Contralmirante Zar. Allí, el control se
hizo estricto y el trato se endureció, siendo expuestos a constantes simulacros
de fusilamiento, hasta que en la madrugada del 22 de agosto, un comando encabezado por el
capitán de la Marina Sosa ejecutó el fusilamiento. Los medios hablaron de un
intento de fuga, pero los cuerpos estaban desnudos y apilados en un pasillo sin
salida.
En
el hecho murieron: Eduardo Copello
(24años), Miguel Ängel Polti (21), Alfredo Kohon (27),Pedro Bonet (36), Ana
María Villareal de Santucho(36)
embarazada, José Mena (22), Jorge Ulla (27), Humberto Toschi (25), Carlos del
Rey (23), Humberto Suárez (22), Clarisa Lea Place (23), Carlos Astudillo (26),
Susana Lesgart (22), Mariano Pujadas (24), Mariano Delfino (29) y María
Angélica Sabelli. Los 3 restantes: María Antonia Bergés, Alberto Miguel Camps y
Ricardo Reneé Haidar, se salvaron. Pero durante la dictadura militar que asumió
en 1976, fueron secuestrados y están desaparecidos.
Hay
que mencionar que en el penal de Rawson también estaba detenido Agustín Tosco,
quien no quiso participar en la huída, porque pensaba que al ser un
representante gremial debía esperar a que lo liberaran legalmente, pero si
colaboró con el grupo. Algunos de los abogados de los presos, así como los
familiares, posteriormente fueron asesinados.
El
velatorio se llevó a cabo en la sede del Partido Justicialista ubicado la sede
de la Avenida La Plata, de la capital, el 23 de Agosto. El funeral fue
interrumpido por la irrupción de tanquetas y personal de las fuerzas armadas
que se llevaron los féretros.
Quedaba
claro que había que mostrar la fuerza del gobierno de facto a través de una
medida claramente disciplinadora, que frenara cualquier tipo de insurrección
popular.
Recomendación: Documental Trelew
https://www.youtube.com/watch?v=I_ku4J4u0c8


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